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Cada alumno de El Dojo pasa al lado de la máxima más importante de la escuela y casi nadie lo sabe.



Desde casi sus comienzos, El Dojo cuenta con alumnos con un palmarés importante. La escuela cuenta con múltiples campeones de Madrid, y de España. Ahora, también cuenta con alumnos de categoría internacional y deportistas alto nivel.

Eso nos lleva a veces a pensar: “que espectacular”, cuando vemos a algunos artistas marciales que se preparan para un campeonato o una exhibición. Visto desde fuera, es toda una hazaña conseguir ese nivel de atletismo.


Sin embargo, como compañeros de tatami que entrenamos con ellos, a veces podemos sentirnos inferiores e incluso pensar "qué brutos" en ciertas ocasiones. Y cuando llega el momento de enfrentarnos a uno de esos "maestros", automáticamente pensamos que nos van a lastimar, que no hay control o, lo peor de todo, que no estamos a la altura.



A veces acabamos pensando "me alegro por ti, tus proezas y habilidades, pero desde la distancia, porque cuando estoy a tu lado, me siento diminuto". Creo que esta es la peor situación que podemos experimentar.

Y realmente, es al revés. Debemos considerar esta situación como una oportunidad única. Una oportunidad para practicar con alguien que nos genera preocupación, incluso miedo, o nos provoca inseguridad. Esta oportunidad es similar a cualquier situación en la vida en la que nos encontramos fuera de nuestra zona de confort, fuera del ámbito de lo que sabemos dominar. Sin embargo, tiene una ventaja enorme, y es que como compañeros, siempre prevalecerá cuidarnos mutuamente.

Desde la perspectiva del oponente, ese compañero efusivo que asusta al entrenar, debe asegurarse de seguir entrenando con esa intensidad sin lastimar a los demás. De esta manera, ayudará a que el otro se adapte a su nivel de intensidad y adquiera confianza en sí mismo. De lo contrario, sus compañeros no podrán superar esa barrera psicológica. Si eso sucede, eventualmente uno de los dos abandonará la práctica. El alumno efusivo lo hará porque no tendrá con quién entrenar, y el otro porque sentirá que siempre es lastimado.




Nuestra máxima aspiración debería ser crear un entorno en el que todos los miembros de la escuela puedan entrenar a un nivel elevado y, sobre todo, sin hacerse daño. Cuando alcancemos esa situación, cualquier oponente o situación fuera de la escuela no será considerado como una competencia, sino como una oportunidad de entrenamiento. La verdadera competencia reside en superarnos a nosotros mismos y en desafiarnos mutuamente dentro de nuestro Dojo.


Sé que yo he llegado a donde estoy por los compañeros de entrenamiento con los que he tenido la suerte de cruzarme y con los que siempre nos hemos empujado más allá del límite, pero siempre velando por el otro. Hemos compartido sangre, sudor y lágrimas, entrenando cuando no queriamos, cuando habiamos tenido un mal dia, cuando nos habiamos lesionado y habia que volver a empezar de cero, cuando fracasbamos y perdiamos la fe en nosotros mismos, cuando queriamos rendirnos y parar.


Juraria que tengo más cicatrices de aquellos con los que he entrenado dejandonos el 110%, que de competiciones en las que mis rivales me han sacado dos cabezas y 50 kg. Curiosamente las cicatrices de aquellos con los que hemos llegado a ese maximos nivel de entrenamiento, los llevo con orgullo, como un recordatorio de que siempre podemos empujarnos a ir mas lejos, hacerlo mejor y dar mas de nosotros mismos.



Es por eso, por lo que tenemos encima de la entrada de El Dojo, una de las máximas más importantes en Kenpò Kai: SESSA TAKUMA, superarse a si mismo a través de la rivalidad sana.



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